Cartas al Director6 septiembre, 20196 septiembre, 2019 0 comentarios

Extremadura sinónimo de hogar lleno de notas perfumadas con romero y tomillo.

Hoy os abro las puertas de mi tierra o mejor dicho de mi casa. Como podéis comprobar tiene dos plantas, Cáceres y Badajoz.

Una vez que atravesamos la cancela, recorremos un largo pasillo adornado con multitud de cuadros capaces de resumir un pasado en pinceladas con el retrato de Hernán Cortés, Vasco Núñez de Balboa, Zurbarán o Pizarro entre otros.

Una de las habitaciones tiene un enorme ventanal. Me asomo y veo un auténtico paraíso plasmado en esas dehesas repletas de encinas y alcornoques, en esa campiña, viñedos y ríos que inundan el paisaje: Tajo y Guadiana.

Uno de los armarios guarda un tesoro: ese traje regional cuidado con mimo.

Me dejo guiar por mi sentido del olfato hasta llegar a la cocina donde encuentro diversos manjares. Comienzo a degustar el primer plato con esa famosa torta de la Serena para continuar con migas y caldereta.

Hace calor y necesito tomar aire por lo que me dirijo a ese jardín de enormes dimensiones. Me sorprendo a mi misma al toparme con ese hermoso rincón constituido por cerezos. ¡Los famosos cerezos del Valle del Jerte!

Y tras ellos una auténtica piscina natural.

Por un momento cierro los ojos y respiro profundamente la calidez de su gente, la belleza de sus blancos pueblos y sus tradiciones.

Sonrío y grito:

¡Bienvenidos a mi hogar y que viva Extremadura!

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