A MI CRISTO DEL HUMILLADERO – por Alba Morillo

Señor, ya he llegado. ¿Pensabas que este año no estaría tu pueblo contigo? Pues ya estamos en tu templo como cada Jueves Santo. Porque es tu templo el que esta noche se adentra en nuestros hogares. Aunque, me parte el alma que este año no podamos desfilar tras de ti.

Señor, ¿ves la luz de todos esos balcones eternos? Todos te esperan. Los de dentro, los de fuera y los que ya no están. ¡Cómo me acuerdo hoy de todos ellos! Pero, te prometí no llorar.

Azuagueños escucharme. Esta levantá va como siempre por todo nuestro pueblo. Por eso, vamos a hacerlo poquito a poco. No hay prisas. Venga de frente. ¡Izquierda adelante, derecha atrás! Ya casi lo tenemos. Y ahora sí, el tiempo se para. ¡Bendita la herencia de nuestro pueblo!

Pararse ahí. Menos pasos quiero, señores. ¡Todos por igual!

Señor, mira los ojos de tu pueblo. Somos unos privilegiados al verte un Jueves Santo más. ¡Estás radiante sobre ese monte lleno de rojos claveles!

Azuagueños mirad hacia el cielo que no nos deja de alumbrar. Esas estrellas en el firmamento son los cirios de los que ya no están.

Señor, vamos siguiendo tu compás. Tu reflejo se dibuja sobre la Luna que ilumina a tu plaza. Dos lágrimas se derraman por verte un año más.

Y de nuevo, como cada primavera: ¡Viva el Cristo del Humilladero!

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