ACERBA – Fernando Ayala Vicente

Fernando Ayala

Resultan muy dolorosas las acerbas críticas que se realizan en muchas ocasiones a la acción pública por parte de determinados sectores de la ciudadanía. Por eso, en esta ocasión, quisiera centrarme, en todo lo contrario.

Voy a mostrar mi agradable percepción de cómo hay otros mundos más allá de interesados cuestionamientos.

Y, como de costumbre, me gusta poner ejemplos vividos. La semana pasada tuve la magnífica oportunidad de asistir a la entrega de unos Premios a la Innovación Educativa y a las Buenas Prácticas ( ¡bonita expresión!) en los centros escolares. Los denominados Joaquín Sama y Tomás García Verdejo, respectivamente.

Previamente estaba teniendo lugar, en el Palacio de Congresos de Badajoz un Congreso donde profesores y expertos ponían en común las nuevas metodologías que se utilizan en el aula.

Y aquí está la cuestión. Más de 1000 profesionales de la educación reunidos desprendiendo una ilusión por aprender, por innovar, por compartir que no se corresponde con la imagen que desde fuera muchos quieren mostrar de este entorno: padres agresivos, alumnos sobreprotegidos, maestros y profesores que se limitan exclusivamente a pasar el rato con ellos o en su defecto que manifiestan su hartazgo por la tensión continua a la que se ven sometidos….

Nada más lejos de la realidad lo que yo veía. Gente que pululaba de un lado a otro del recinto, que hablaban entre ellos, que preguntaban, que no dejaban ni un momento de interesarse por mejorar en su trabajo.

De eso trata esta columna. De revertir situaciones donde nos encajonamos en la desilusión. Donde aceptamos el estado de las cosas que algunos pretenden imbuirnos como el único posible. Donde nos planteamos para qué esforzarnos.

La respuesta está en la ilusión de levantarte cada día convencido de que haces lo que más te gusta. La ilusión de demostrar a los que te rodean que puedes ser útil con tu implicación. La ilusión de estar siempre aprendiendo ( que es lo mismo que decir que estás permanentemente vivo).

Así es, frente a las acerbas críticas de los cenizos, posicionemos nuestros retos. Estamos donde queremos estar e iremos donde nos gustaría ir si entre todos nos volcamos. Optimistas por naturaleza.

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