Año inhumano ¡Hasta nunca! Cómo no recordar ya con una edad adulta los instantes vividos de niños. Cuando los abuelos de la casa, contaban historias de la guerra, de las bombas cayendo y causando tristeza y dolor por todas partes, del horrible sonido de los disparos.

O cuando relataban los problemas de tantos años de hambre, de miles de enfermedades sufridas, del terror y la represión.

¿Se repetirá la historia?

Probablemente dentro de un lapso de tiempo, cuando tengamos la hermosa dicha de ser abuelos, se nos dé la oportunidad de contar a nuestros nietos cómo fue aquel fatídico y oscuro año 2020.

Durante este tiempo, no se han escuchado disparos, ni bombas, solo hemos vivido con el temor de una nueva y destructiva pandemia que ha provocado dolor y sufrimiento en millones de personas. Así, como la muerte de cientos de miles más.

Y para colmo de males, la pandemia sigue contagiando a seres humanos, a una velocidad vertiginosa alrededor del mundo y sin respetar raza ni condición social. Por eso, aún no se puede conversar del mal en tiempo pasado.

Aprendizaje de vida en tiempos de pandemia

Debido a la pandemia, hemos aprendido entre muchas emociones, valores y sentimientos, que las cosas más normales y simples, pueden llegar a perderse de un minuto para el otro.

La mayoría de las personas no imaginábamos algo así, antes que llegara esta pandemia, quizás nunca supimos apreciar lo que teníamos. Vivíamos seguros, eso era la felicidad, lo máximo en nuestras vidas.

Lo maravilloso que vivamos sin pensar ni tener miedo al contagio. No sentir desconfianza al tocar o besar a alguien, o no tener temor a cruzarte con miles de personas. Ni mucho menos, tener que cumplir con el protocolo de bioseguridad al salir a la calle, algo que era lo más normal del mundo.

Sin quererlo y mucho menos detenernos a pensar habíamos perdido a nivel personal y ante la sociedad, la capacidad, el cariño y el afecto de disfrutar a plenitud las cosas más sencillas de la vida, ya que nos parecía un acto obvio.

A vivir el día a día sin pausa

Antes de la pandemia, considerábamos la vida no como un derecho ganado con esfuerzo, sino algo sencillo, un acto tan natural como el amanecer de cada día.

Lamentablemente, en estos momentos sabemos que esto no es así. Nos ha tocado aprender que las cosas más sencillas y cotidianas, las que pensamos que están allí y son seguras, pueden desaparecer en un simple minuto.

No teníamos ni la menor idea de la horrible experiencia de vivir encerrados en nuestros hogares y casas, solo compartiendo con nuestros familiares más cercanos.

De una manera inesperada y cruel, el resto de las personas pasaron a convertirse en una amenaza real para cada uno de nosotros, al igual que nosotros pasamos a convertirnos en una amenaza para ellos.

Que todo lo malo se convierta en alegría y cosas mejores para todos

El simple hecho que el año 2020 haya finalizado, no nos va a traer la normalidad que tanto se desea y añora. El optimismo en las personas está en su punto más alto, pero sabemos que aún debemos luchar para volver a la estabilidad.

Debemos cultivar de manera enérgica la esperanza en este nuevo año, que puede y más aún debe ser, el remedio para la pandemia experimentada en el año 2020. Ha sido un año complicado y duro, no solo en cuanto a la aparición de la COVID-19, sino también a nivel financiero y económico.

Afortunadamente la vacuna ha hecho acto de presencia, un remedio que esperemos resuelva el problema, no será en cuestión de segundo ni de horas, quizás sea cuestión de meses, para su efectividad comprobada y fabricación.

Esperanza en el descenso de los contagios

Las odiosas curvas de contagio deberían con el favor del todopoderoso, comenzar a tener un descenso a partir del mes de febrero, una vez que finalice el efecto y el desborde que produjeron las fiestas de navidad y año nuevo.

Y cuando haya cientos de españoles protegidos con la vacuna y otros tantos en el mundo entero, la horrible pesadilla comenzará a desaparecer pero, hay que estar atentos y seguir cumpliendo los protocolos de bioseguridad, para decirle Adiós, al terrible mal que aquejó al año inhumano, 2020.

 

 

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