En diciembre de 2010, se inició una gran oleada de manifestaciones sociales y políticas en varios países del Medio Oriente. La conocemos comúnmente como la Primavera Árabe; la misma fue el desencadenante de una serie de cambios políticos en varios países, dando al traste con varias dictaduras que tenían décadas sometiendo las libertades en sus territorios.

Se puede decir, que la chispa que encendió la pradera árabe, fue la inmolación del vendedor ambulante tunecino, Mohamed Bouazizi, quien al ser víctima del aparato represor del régimen de Zine el Abidine Ben Alí, decidió incendiarse en fuego en la capital en modo de protesta frente a los atropellos y a las condiciones de vida que se encontraba la población. Esto provocó una oleada de protestas fuertemente reprimidas pero a su vez muy firme en su objetivo. La caída de la dictadura de Ben Alí se hizo realidad, abriendo el camino para que varios países del Medio Oriente sintieran la posibilidad de forzar cambios políticos en su interior.

Salvo la situación de avances democráticos en Túnez, Marruecos y Jordania; se puede decir que el balance de la Primavera Árabe no ha sido el que quizás esperaban las poblaciones de los países en conflicto. Libia, Siria y Yemen parecen condenados a la guerra y el conflicto todavía por un largo tiempo, Egipto cambió al dictador Hosni Mubarak y en su lugar han llegado algunos gobiernos débiles, los cuales han sido incapaces de mantener una estabilidad social y política. Lo que ha llevado a que una nueva dictadura militar se imponga en el país de las pirámides. Por su parte, Arabia Saudí continúa con su teocracia y sin oportunidades para pensar en algún avance en las estructuras de las libertades.

No se puede negar, que la Primavera Árabe contribuyó en gran medida, a que la comunidad internacional se deslastrara de la visión de que los países árabes eran pasivos y complacientes con las dictaduras. Pero a su vez, los promotores de los cambios políticos se sintieron abandonados e incomprendidos por la Unión Europea y Estados Unidos. Pues éstos se mantuvieron expectantes ante las situaciones creadas, ya que con los cambios políticos, en su momento creció el temor de que el radicalismo islámico ganara terreno y a su vez, se convirtiera en una amenaza para Israel.

Aunque las situaciones han empeorado en algunos países donde se desarrolló esta historia, para nadie es un secreto que la Primavera Árabe ha sentado un precedente. No hay dictaduras ni regímenes inamovibles en el mundo, si una verdadera fuerza ciudadana se moviliza, podría conseguir el gran cambio político que tanto espera conseguir.

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