Las mascotas son consideradas seres vivos que a la gran mayoría les transmiten afecto y seguridad. Sin embargo, aunque esto es totalmente positivo, un excesivo cariño puede llegar a ser una enfermedad psicológica y convertirse en lo que hoy en día se conoce como petofilia. 

Asimismo, la petofilia es un trastorno mental en el cual quien lo padece comienza a tratar a su mascota como un ser humano lo que puede terminar en paranoia y ser perjudicial no solo para la persona, quien tiende a distanciarse de su entorno, sino también para quienes la rodean. 

La petofilia comienza cuando el dueño de la mascota empieza a personificarla. Dicha situación suele verse reflejada en personas que han sufrido algún momento traumático o tienen ciertas carencias afectivas y buscan refugiarse en la fidelidad incondicional y en el amor que estos seres siempre les brindan. 

Además, este trastorno también puede desarrollarse en aquellas personas que les cuesta sociabilizar o tienen una vida social bastante vulnerable al momento de enfrentarse ante la sociedad. Generalmente, son personas inseguras, tímidas o con falta de cariño.  

¿Cómo saber si una persona padece el trastorno de petofilia? 

El primer signo de que una persona sufre de petofilia es el aislamiento con su entorno, es decir, poco a poco se va alejando más de quienes los rodean y prefiere relacionarse más con su mascota pues con ella se siente con mucha más confianza. Asimismo, este es una de las muestras claves para detectar este problema. 

Incluso, la persona que sufre de petofilia puede llegar a dejar a un lado sus necesidades básicas y empezar a invertir más dinero en su mascota olvidándose de sí misma. Además, aunque su capacidad monetaria no se la más alta, quienes padecen este trastorno pueden invertir cantidades exorbitantes de dinero en sus mascotas, muchas veces en cosas que realmente son innecesarias. 

Por otro lado, como hemos mencionado anteriormente, estas personas suelen ver a sus perros o gatos como seres humanos, tratarlos como bebés y brindarles atención durante las 24 horas del día, pensando que sin ellos no estarían bien y que siempre los necesitan a su lado. De hecho, algunos pueden llegar al extremo de darles comida para humanos, ponerles joyas o arreglar a su mascota de forma excesiva. 

En consecuencia, la petofilia puede inconscientemente afectar de forma negativa la salud del animal, especialmente cuando se le da comida para humanos no apta para su consumo o cuando son incluidos en actividades que no entienden, esa obsesión y amor tan intenso puede llegar a intimidarlos debido a la simple razón de que todo en exceso es malo. Incluso puede traerle a las mascotas otros efectos negativos como por ejemplo complicaciones cardiacas, metabólicas o emocionales. 

Otros síntomas que pueden verse reflejados en las personas que sufren de petofilia

  • Si la mascota de quien sufre petofilia empieza a actuar distante o a aislarse de ella, esto puede afectar negativamente las emociones de su dueño haciendo que se sienta preocupado, incompleto y perdido solo por el hecho de que su mejor amigo no le esté prestando la atención que necesita. 
  • Por otra parte, la persona que padece petofilia puede sentirse nerviosa y sentir mucho miedo de que su mascota muera, se enferme o sufra algún accidente. De hecho, si su perro o gato llega a sufrir alguna enfermedad es capaz de dejar su trabajo y ocupaciones a un lado para dedicarle a ese ser que tanto ama el 100% de su tiempo. 
  • Asimismo, quienes padecen de este trastorno psicológico también pueden presentar incluso síntomas relacionados con la ansiedad, como por ejemplo: sentimientos de fatalidad, peligro, pánico, agitación, tensión, temblores, sudoración y hasta respiración rápida. 

El trastorno de petofilia no debe confundirse con la zoofilia, este también es considerado un trastorno mental y pero guarda relación es con el ámbito sexual, refiriéndose a como las personas se sienten atraídas físicamente con los animales solo con imaginarse como sería tener relaciones sexuales con alguno de ellos.

Por lo general, aunque actualmente la zoofilia es vista como un fetiche sexual, esta es empleada por una persona, es decir, no es una actividad en la que una pareja involucra a un animal para tener relaciones sexuales. 

 

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