Firmas23 marzo, 2020 0 comentariosAlba Morillo

Y de repente, el mundo se despierta para luchar contra un virus que lleva una corona creyendo ser el rey de nuestros miedos. Intenta ponernos barreras y separarnos en hospitales e incluso en nuestro propio hogar. Construye murallas difíciles de escalar. Y nos confinamos tras un cristal lleno de fragilidad. No dudo que en muchas ocasiones lo consigue tras ese silencio que habita en las ciudades, en países, en el mundo.

Pero tras ese silencio, se esconde el grito de los guerreros que se encuentran tras una bata blanca y a veces sin esa armadura a modo de mascarilla que les aísla de un posible positivo.

Un día, la esperanza llegará bajo el pseudónimo de investigación, esa que durante tanto tiempo en nuestro país ha quedado a un lado.
El tiempo se nos echa encima pero el reloj todas las noches se detiene marcando las ocho. Y todas esas murallas se derrumban al unísono de los aplausos por esos ángeles que nos cuidan. Hoy, exhaustos aunque no derrotados por todas las horas, días e incluso semanas frenando una guerra vírica que intenta llevarse a los mejores soldados. Mientras tanto, las ventanas y balcones se llenan de abrazos que de momento quedan en el aire, pero que muy pronto se convertirán en una unión inquebrantable.

ALBA MORILLO

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