La incontinencia urinaria afecta a la calidad de vida y puede causar depresión

La pérdida involuntaria de orina, definida como incontinencia urinaria, puede ser una de las secuelas de sufrir un ictus. Cuando se sufre este proceso se pueden producir daños en los centros cerebrales y afectar al control de la vejiga, dando lugar, la mayoría de las veces a incontinencia urinaria. Cuanto más grave es el accidente cerebrovascular mayor es la probabilidad de incontinencia urinaria.

Según los datos de 2018, puede afectar a entre 40% y 60% de los pacientes que ingresan en el hospital tras un Ictus. Por lo general el 25% presenta este problema en el momento del alta y el 15% sigue con una incontinencia después de un año. La recuperación de la incontinencia puede mejorar la moral y la autoestima y por consiguiente acelerar la recuperación general del ictus.

Los cuidados que reciben los pacientes con ictus e incontinencia urinaria, raramente se adecuan a las recomendaciones marcadas por las guías clínicas, prestándose muy poca atención a la incontinencia a pesar de las consecuencias que tiene ya que repercute en el sueño, las actividades diarias, la calidad de vida, malestar físico la vida social, las relaciones interpersonales además, la depresión es dos veces más frecuente en los supervivientes de un ictus que tienen incontinencia.

Ángela Expósito Ruiz, Mercedes Redondo González, Ana M. ª Ortiz Oteo, autores de la ponencia Incontinencia urinaria después del ictus, insistieron en que “los objetivos del tratamiento y el tipo de terapia a aplicar deben ser individualizados y es un proceso limitado en el tiempo y que tiene como finalidad conseguir la máxima capacidad funcional, facilitando la independencia y la reintegración al entorno socio familiar y laboral, si es posible. Este proceso debe implicar activamente al paciente y a su familiar, o cuidador principal en el tratamiento”.

El TCE es un profesional que se encuentra en primera línea en el abordaje de la incontinencia asociada al ictus, colabora en la aplicación de actividades específicas que ayudan a mejorar su control, una intervención temprana y multidisciplinar influye en que menos personas presenten incontinencia urinaria en el momento del alta. Se convierte así, en el personal sanitario de referencia para los pacientes y es el responsable de aplicar técnicas de modificación conductual.

Alternativas en el tratamiento: como terapia de neuromodulación de raíces sacras, inyección de toxina botulímica

La incontinencia urinaria supone un elevado coste sanitario originado por el consumo de fármacos, visitas médicas, evaluaciones diagnósticas… y un elevado coste a nivel social en forma de absentismo y bajas laborales. Aproximadamente entre 50 y 60 millones de personas padecen síndrome de vejiga hiperactiva en países industrializados, en España un 12-22% de la población.

“Según la Asociación Española de Urología en torno al 25% de las mujeres y el 20% de los hombres se ven afectados por la vejiga hiperactiva. Sin embargo, no se diagnostica en todos los casos, ya que la gente no le da toda la importancia que tiene o, con frecuencia, siente vergüenza en acudir al especialista” tal y como expusieron Joana Bauza Plomer, Jeronia Llabres Moranta de la Residencia Santa Domingo y del Hospital de Manacor en Baleares durante la presentación de su ponencia en la que explicaron La neuromodulación en el tratamiento de la incontinencia urinaria mixta y vejiga hiperactiva.

Tal y como subrayaron “las causas de este trastorno urinario pueden ser muy diversas y entre ellas están las anomalías congénitas del tracto urinario inferior, la debilidad de los músculos pélvicos o nervios dañados que pueden enviar señales a la vejiga en el momento equivocado o no enviar ninguna señal en absoluto, de modo que el cerebro no puede saber cuándo la vejiga está llena”.
Los escapes pueden ocurrir cuando la medicación o el alcohol afectan los nervios o los músculos, por una infección, exceso de peso o sedentarismo.

Existen diferentes tratamientos y estrategias de conducta para evitar las consecuencias pero si estas estrategias no son suficientes se puede intervenir con la conocida como terapia de neuromodulación de raíces sacras para ayudar al paciente a recuperar el control de su vejiga.

Otra de las alternativas en el tratamiento de la incontinencia urinaria de urgencia para aquellos pacientes que no han tenido una respuesta adecuada a los fármacos o no los tolera son las inyecciones de toxina botulímica y en el procedimiento de éstas centraron su intervención M.ª Ángeles Alcalde Franco, M.ª del Carmen Martín Abarca, Marta Valencia Villanueva y Virginia Prieto Bustos del Hospital Universitario de Basurto (Vizcaya)

El fundamento del uso de la toxina botulínica en este tipo de incontinencia es por un lado paralizar el músculo detrusor, deteniendo las contracciones involuntarias que causan la urgencia, actuando sobre las neuronas motoras que lo controlan, y por otro lado, inhibir las neuronas sensitivas que informan del llenado, aumentando la capacidad de la vejiga. Dado que el efecto del fármaco es reversible y dura de 6 a 9 meses posteriormente se precisará repetir las inyecciones de toxina botulínica para volver al efecto paralizador.

En el Hospital Universitario de Basurto se ha elaborado un protocolo unificando criterios en el procedimiento que garantiza unas prácticas excelentes y seguras del equipo multidisciplinar de ambos servicios por los que pasa el paciente, urología y hospital de día.

Se realiza en la consulta de Urología, sin ingreso hospitalario, bajo anestesia local para luego pasar al Hospital de Día, donde permanecerá el paciente en observación hasta ser dado de alta hospitalaria.

Su puesta en marcha permite la posibilidad de realizar este tratamiento sin ingreso al ser realizado con anestesia local, por lo que los gastos hospitalarios se ven reducidos, favorece que el paciente se incorpore a su vida diaria de forma casi inmediata, además con la gran satisfacción de ver mejorada de manera espectacular su calidad de vida personal, laboral y social.

Una de las patologías más graves de la vejiga es la extrofia vesical, una anomalía congénita que afecta al aparato urogenital y es considerada enfermedad rara, por los escasos precedentes que hay. Jorge Páez de la Mata y Eva Domínguez Mira del Hospital Universitario Ramón y Cajal Madrid centraron su intervención en Cuidar y enseñar a cuidar a personas afectadas por extrofia vesical con el propósito de dar visibilidad esta patología poco común no solo respecto a los pacientes sino también con las familias que son los grandes olvidados, desde el primer instante en los cuidados del recién nacido hasta que los afectados realizan sus autocuidados.

En nuestro país hay una prevalencia de 1 por cada 35.000 recién nacidos vivos que sufren esta patología, siendo hasta 5 veces más frecuente en pacientes varones. El último dato recogido de afectados en la población es inferior a 100 personas.

El diagnóstico puede hacerse mediante ecografía entre las 15 y 32 semanas de gestación durante los controles habituales, aunque es difícil determinarlo. Sólo el 50% se diagnostica durante el embarazo.

La cirugía puede hacerse de diferentes formas, y se debe adecuar a las necesidades y al sexo del recién nacido y depende de la técnica usada en la intervención pueden variar las medidas a tomar, la prolongación de los cuidados o el tiempo de retirada de los distintos drenajes.

A pesar de ello y de las técnicas de reconstrucción en ocasiones se mantiene la incontinencia y son necesarias otras alternativas para mantenerlos secos.

La transición de estos pacientes a la adolescencia es difícil, emocionalmente no se encuentran estables y abandonan muchos de los cuidados. El cambio de especialista supone de la pérdida de confianza en la persona que les ha servido de ayuda toda la vida hace que la depresión y a ansiedad estén sean frecuentes tanto en los pacientes como en los familiares.

Las familias y los propios afectados demandan la presencia de psicólogos especializados, y aunque les presta atención el servicio de psiquiatría, no lo ven suficiente en un cambio tan brusco para ellos.

Asimismo, los varones tienen cierto temor a iniciar las relaciones sexuales por la forma encorvada y corta del pene, por eso es importante la buena reconstrucción para que la estética mejore. Este es principalmente el motivo de inseguridad en este aspecto aunque la función sexual y libido de estos pacientes son normales, pero el riesgo de infertilidad es mayor en hombres, así como la eyaculación retrograda.

En las mujeres no suele haber problemas, aunque existe una minoría de pacientes que necesiten una ampliación del introito vaginal.

Antes de mantener relaciones sexuales es importante hacer vaciado de la vejiga en ambos sexos, y en las mujeres especialmente. Si se presentase alguna infección, también es necesario realizar una profilaxis antibiótica, pautado siempre por su doctor.

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