Un colegio de Algeciras denuncia el comienzo de curso con “peligro” para sus alumnos

El colegio público Campo de Gibraltar, del barrio algecireño de La Bajadilla, comienza el curso 2020-2021, el de la pandemia del coronavirus, con un patio del recreo menos y con múltiples obras

pendientes, entre ellas los boquetes de las gradas del campo de deportes que Inspección de Trabajo ordenó arreglar en el mes de marzo. Como asociación de madres y padres del colegio exigimos que se arregle ya el muro y que se abra el patio. Este colegio tiene mucho espacio, pero eso no significa que renunciemos a sus instalaciones. Nuestros hijos deben disponer del máximo espacio posible y no es lo mismo que en un sitio jueguen 300 niños y niñas a que jueguen 100.

El patio de los niños de Primero y Segundo lleva cerrado desde diciembre de 2010 pese a que en marzo de 2011, el entonces candidato del PP a la alcaldía de Algeciras, José Ignacio Landaluce, dijo que en cuanto él fuera alcalde lo arreglaría en dos meses. Es alcalde desde entonces, pero cerca de diez años han pasado y la promesa sigue incumplida y el patio cerrado. La asociación de madres y padres del colegio Campo de Gibraltar ha hecho varias denuncias y movilizaciones desde septiembre de 2019, el pleno ha aprobado dos mociones y este verano hubo una manifestación ante el pleno municipal de Algeciras seguida de una recogida de firmas, 155 artistas e intelectuales de toda España incluidos, que hasta ahora no han dado resultados.

La concejala de Educación, Laura Ruiz Gutiérrez, se ha hecho tres fotos en el colegio en la primera mitad de agosto y el propio alcalde y toda su cohorte, incluida Eva Pajares, la subdelegada del Gobierno en el Campo de Gibraltar de la Junta de Andalucía, vinieron para contar una mentira: Ha empezado la reforma del colegio. Eso es, sencilla y rotundamente, mentira. Repetida cuatro veces en menos de un mes, pero mentira. El patio sigue cerrado, el muro rajado y amenazando derrumbarse y las gradas del campo de deportes con sus boquetes de dos metros, más otros pequeños que la salpican. Y eso por no hablar de las otras necesidades del colegio. Es verdad que han estado pintando paredes y echando hormigón en una pequeña parte del pasillo de entrada que llevaba años con las losas de piedra levantadas. Y es verdad que Pajares dijo que la Junta iba a hacer reformas en el colegio, entre ellas arreglar el muro. Pero de momento, nada. Tenemos mucha experiencia en promesas incumplidas y lo cierto es que queda mucho por hacer y de lo esencial todo sigue pendiente.

No vamos a entrar ahora en el asunto de la pandemia para no enturbiar más el debate vigente y porque el problema del patio tiene diez años de antigüedad. Insistimos, arreglarlo es una promesa incumplida del acalde Landaluce. Cuando el PP ganó la alcaldía mandó a los técnicos al colegio, hicieron un presupuesto que reposa el sueño de los justos en la oficina de Urbanismo municipal y el entonces concejal de Educación, Bernabé López, con el alcalde a la cabeza, donde dije Digo, digo Diego. Guardó en un cajón el proyecto de obras con el presupuesto y la obra se olvidó. Hasta hoy.

La dirección del colegio desde entonces ha informado todos los años de las necesidades del colegio al Ayuntamiento y a la delegación provincial de Educación, incluyendo siempre el arreglo del muro y la apertura del patio. Y la Junta ha dicho en reiteradas ocasiones al centro que arreglar el muro es competencia del Ayuntamiento. Lo dijeron antes con el PSOE y luego lo han dicho, al menos en dos ocasiones, con el PP y Ciudadanos. Y el muro sin arreglar.

Llegados a este punto, nos da igual quién lo arregle, pero que lo arreglen ya y no hagan más política con la seguridad y la salud de nuestros hijos. ¿Tardarían tanto en arreglar un colegio al que fueran los hijos del alcalde, o de alguno de sus concejales? Basta ya de marginar y de marginarnos a La Bajadilla y sus habitantes. Insistimos: seguiremos presionando hasta que no empiecen a tirar el muro viejo y construyan uno nuevo. La salud de nuestros hijos es lo más importante del mundo y para defenderla no escatimaremos esfuerzos. No estamos pidiendo ningún privilegio, nada extraordinario, y es penoso que en el siglo XXI tengamos que estar movilizándonos para conseguir algo tan básico y sencillo como un colegio con instalaciones dignas y seguras.

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